Tener Química.

Nunca pude entender para que me serviría saber la estructura de un polímero, o la fórmula para la obtención de un aldehído.¿En que mente rebuscada resulta importante conocer la tabla periódica? Yo nunca me lo pude explicar.  Debe ser por eso que paso lo que paso.

Faltaban dos semanas. Quince días y se terminaba todo. Basta de usar esa camisa beige horrible. Basta de ver la cara de la Madre Superiora todas las mañanas, y sobre todo, basta de madrugar para estar en la puerta del colegio a las siete y media de la mañana.

Misteriosamente, tenía casi todas las materias adentro. Si, incluso análisis matemático e Historia, que me encantaba, pero que se me hacía muy difícil con la hija de puta de Pelliza y sus preguntas soretes del tipo: a ver, dígame usted Mainé, ya que le gusta tanto el tema, que suceso sacudía al puerto de Cádiz mientras Belgrano recibía el mando en la posta de Yatasto? Yo que mierda puedo saber, lareconchadetuhermanaquecarajopasabaenCádiz, si el tema que me gusta tanto, como dice usted, profesora Pelliza, se desarrollo a miles de kilómetros.

Así y todo, solo me quedaba química. Y no tenía la menor idea de cómo obtener un aldehído, y era martes, y el miércoles a las siete y cuarenta de la mañana tendría que resolver algún ejercicio del que ni siquiera comprendería el enunciado. Eran las seis de la tarde y tomamos una decisión drástica. Nos juntaríamos en una hora en la casa de Checho. Ibamos a estudiar.

Yo llegué cerca de las ocho, y Tavo llegó una hora más tarde, justo cuando la mama de Checho tenía listas las milanesas. A eso de las 10 terminamos de comer y empezó el partido. A las doce nos ponemos a estudiar. A las doce, nos pusimos a jugar Monkey Island. Fumados. A las tres de la mañana supimos que teníamos que hacer algo para no reprobar el examen de química.

No lo pensamos mucho, con estas cosas lo mejor es actuar directamente. Para las cuatro de la mañana ya habíamos juntado todo lo necesario y estábamos en la puerta del colegio. Tavo, que era el que más conocía del tema, se ocupó de preparar la mezcla para que seque lo más rápido posible. El tiempo apremiaba. Primero hicimos la puerta principal, después las entradas laterales y por último, cementamos con todo lo que nos quedaba de la mezcla el acceso del garaje.

Para las 7 de la mañana, las cerraduras eran un recuerdo que yacía en el fondo de unas piedras solidas y desprolijas de cemento oscuro que adornaban todas las puertas de acceso al colegio. Ese día nadie reprobo ningún examen. Ese día de sol de principios de diciembre, todos los alumnos se tiraron en las plazas del barrio, hablando de la cara desfigurada de la Madre Superiora intentando abrir desde el interior del colegio, de las llaves inservibles tintineando en las manos temblorosas de la rectora y del intento fallido de desmayo simulado de la bibliotecaria.

Nosotros nos quedamos en la vereda de enfrente, disfrutando de la gloria anónima, sabiéndonos héroes en las sombras. Química la rendí en marzo.

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5 pensamientos en “Tener Química.

    • Así que “fumados” eh… Pero qué barbaridá! Por otro lado, poné los tildes que faltan en el primer párrafo o se arma…

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