Abrigate que hace frío

Ayer mi hermana descubrió este blog. Tampoco es que haya estado oculto, pero hace unos pocos posts que empecé a linkear desde facebook, y ayer mi hermana llegó por eso de que el amor también puede ser un vómito. Y no le alcanzó y hurgó un poco más, y llegó a tan calma es la lluvia, y leyó que yo sentía que era “el hermano de”, y se dio cuenta que cuando digo el hermano de, me refiero a ella.

Ayer mi hermana llegó a este lugar y leyó cosas que quizás había intuido, pero que yo jamás le había dicho directamente a ella. Y lloró frente a la luz azul de la pantalla de la notebook, leyendo una historia que conocía. “Acabo de remover viejos recuerdos a través de un relato que casi podía adivinar a medida que iba leyendo”, me escribió desde la madrugada.

Me estaba devolviendo el golpe. Un golpe bajo que no se esperaba y al que llegó sin querer, después de leer que su sobrina vomitaba encima mío.

Pero no le bastó con eso. Siguió escribiendo. Su mail también decía:

“Recordé de golpe aquel Alplax que me diste y la tía avisando que “mamá se estaba yendo”. La eternidad de su agonía, la cama, la gelatina que no comió esa noche, ella… Mi imagen abrazándola fuerte, pidiéndole que me abrace, que no me deje… Las noches donde yo la llamaba a gritos, despierta, y no entendía por qué vos no llorabas, pero de pronto, vos la llamabas dormido.”

De pronto yo la llamaba dormido. Yo no sabía eso de mi hasta recién. A veces creemos que sabemos todo de nosotros mismos, y la realidad nos sacude de una trompada. Yo la llamaba dormido.

Yo sé que la soñaba. Soñaba que mi vieja se moría de cáncer y yo no podía entrar a la sala velatoria. Soñaba que veía el ataúd entrar en un horno y quemarse y convertirse en astillitas crepitantes. Soñaba todas la noches las mismas imágenes y me despertaba aturdido pero feliz de que el sueño había terminado, y había un par de segundos de felicidad en los que yo creía que me iba a levantar y mi vieja iba a estar en la cocina tomando mate. Un par de segundos antes de darme cuenta que el sueño no era premonición sino recuerdo, en los que creía posible volver a abrazarla y decirle que la quería.

Ayer mi hermana me escribió un mail y me recordó que cuando salíamos temprano para el colegio, mi vieja desde la cama y entredormida siempre nos decía “abrígate que hace frio”.

Yo le daba un beso y me iba, a veces abrigado, porque en efecto, hacía frio, a veces con un sueter. Pero Julieta, mi hermana, no se cansaba de contestarle. Cada vez que mi vieja le decía “abrígate que hace frio”, Julieta le retrucaba “¿vos como sabes si estás acostada?”. Todas las mañanas de todos los inviernos de los 5 años que duró el secundario, mi hermana y mi vieja tuvieron esa misma charla. Y el uno de septiembre, cuando mi hermana abrazó a mi vieja y le dijo con el hilo de voz que le salió de la garganta “no te vayas mami, abrazame y no te vayas”, mi vieja le respondió “abrigate que hace frío”. Y aunque estábamos en septiembre, esa noche fue la más fría del mundo.

13 pensamientos en “Abrigate que hace frío

  1. Leí las dos últimas entradas seguidas y recibí como una patada en el pecho pero desde adentro. Se siente raro. Debe ser la forma en que se expresa eso que llamamos ‘alma’ cuando algo la conmueve. Tenemos historias muy parecidas en muchos aspectos. Gracias por compartir! Abrazo.

  2. Debo recordar dejar de leer tus textos en el trabajo. Ya van tres alumnos que me preguntan por qué estoy llorando. Contesté que es por el invierno de la vida.

  3. Es imposible no identificarme con tu historia. Una de las peores cosas que puede pasarnos es perder a los padres por una enfermedad de mierda que daña no sólo a las células, sino a todo lo que las rodea; asistir a la agonía de lo inevitable.
    Poder contarlo o escribirlo es una terapia, compartirlo con tus seres queridos y recibir una palabra de aliento, ayuda a curar la heridas, esas que están ahí pero que no siempre se ven.
    Te mando un abrazo grande.

  4. Tonga, no sé que decirte, a veces me encantaría poder llorar, sé que en algún momento va a explotar y voy a largar todo. Leerte me hizo bien, realmente. Abrazo!

  5. No sé como llegué a este post hoy, meses después de haberse publicado, pero te digo que estoy con un nudo en la garganta… logras describir muy bien sensaciones que yo he tenido. Todo una habilidad poder escribir así lo que uno piensa y siente. Inclusive en terapia hay muchas cosas que ni logré pronunciar. Te felicito.

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