Lenguajes

Nos cansamos de jugar. La hoja se quedó en blanco y no tuvimos nada más que decir, que decirnos. Fue triste y cierto. O fue triste porque fue cierto, o no sé. Un día no jugamos mas, no nos llamamos más, ni siquiera nos puteamos más. Fue como que nos apagamos y listo. Sin preámbulos ni grises ni nada. Un silencio de radio eterno. Una pequeña derrota.
Siempre jugábamos desde la hoja en blanco. Hacíamos una línea o una palabra y todo empezaba desde ahí. Desde un silencio que se convertía en gritos o en cuentos o en canciones. Pero ahora no. Ahora teníamos esta hoja en blanco, pero no la misma, ahora cada cual tenía la suya.
A veces pienso que eso fue lo que pasó. Antes éramos una sola hoja en blanco, una sola hojita de un mismo cuaderno que se llenaba de palabras, que explotaba de imágenes que sólo nosotros conocíamos, una hojita en la que nos abrazábamos o nos cagábamos a trompadas, un renglón de una hojita y a veces ni siquiera un renglón; a veces un cuadrito mínimo de una hoja cuadriculada que se convertía en una batalla campal, en una pequeña guerra sin márgenes ni treguas entre esos cuatro palitos.
De todos los espacios de papel que compartimos, creo que el único al que nunca entré fue a tu boleto. Vos siempre hacías ese rollito que aprisionabas entre tu dedo y un anillo, o a lo sumo, cuando todavía nos tocaba un bondi de los más viejos, usabas esa especie de goma que recubría el respaldo de madera, y dejabas tu boleto ahí, como un diploma de quién sabe qué.
No sé si te acordás, pero una vez nos encontramos en un volante (ahora les dicen flaier) y escribimos de memoria la letra de Eleanor Rigby. Después la colgamos en la corteza de un árbol y se quedó ahí para siempre. No me acuerdo bien, pero creo que ese verano no llevaste la guitarra.
Fuimos creciendo; yo tuve más computadora y menos tiempo. Nos encontramos un par de veces en pantallas blancas pero ya no era lo mismo. Además vos usabas book antiqua y yo calibri. Sí, ya sé, una cagada calibri.
Creo que seguimos pensando igual, el problema fue que ninguno de los dos lo escribió. O peor: los dos lo escribimos por separado, cada uno en su cuaderno, en su hoja separadita y escondida del resto del mundo. Fuimos otros, escondidos de nosotros, y encima yo me equivoqué. Yo sé que me equivoqué, todavía no sé cómo ni en qué, pero en algo tuve que haberme equivocado. Si no, no estaría escribiendo esto. No estaría escribiendo esto acá. Sabiendo que me leés. Sabiendo que a veces (una vez) respondés alguna cosa. Pero ahora usás hojas pentagramadas, y a mí nunca me salió la clave de sol.

7 pensamientos en “Lenguajes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s