Check-in

Los veo estacionando el Escort sobre Sarmiento. Ninguno de los dos lo dice, pero saben que será cuestión de desenfundar sus armas. Creyendo que Guillermo tiene que hacer ese dibujo raro con el dedo, Pablo se pensará más veloz. Se sabrá más veloz mientras huele una victoria que aún no es. Guillermo caminará lento esa calle fría del invierno Rosarino, creyendo conocer el sabor de la victoria anticipada.
Entrarán despacio y como quien no quiere la cosa, ambos harán el mismo ademán gastado de “uso el wifi para chequear los tuits” y posarán disimuladamente la yema del dedo gordo sobre el ícono de foursquare. Será ese el inicio del fin.
Pablo hará el primer check-in. Guillermo lo dejará adelantarse dos segundos en el click sólo para ver la cara de Pablo enardecerse frente al resplandor de su iphone avisando que está “a un día de ser el mayor”. Luego hará lo propio Guillermo, tranquila y pausadamente, quizás incluso subiendo una foto de la mesa de los galanes o algún tip, y mientras desliza como al pasar que dos días antes y por una casualidad se encontró frente a la puerta del bar insignia del Negro, con el rabillo del ojo observará cómo esa coronita que lo declara mayor de El Cairo se queda inmutable en su pantalla.
Pero algo se romperá para siempre en ese acto. En ese bit que viaja por el aire ambos se estarán condenando sin saberlo y para siempre. Ninguno lo dirá pero las voces interiores de los dos amigos sabrán que todo ha terminado. Es cierto, sí, que esa misma tardé recorrerán los atractivos turísticos de Rosario, que pasearán por la Rambla y que se tomarán fotografías en el Monumento a la Bandera. Imágenes a las que luego pondrán tonos sepia, augurando casi proféticamente el trágico destino. Antes de partir a Buenos Aires volverán por recomendación de las chicas a beber una última cerveza en “El Cairo”. Como una señal de justicia poética, encontrarán vacía y ocuparán la mesa de los galanes. Serán cuatro para siempre en esa mesa. Pablo, Guillermo y las dos chicas pedirán cervezas y maní(ces). Beberán un sorbo corto como ese trago apurado que se da para que la cerveza no se derrame del vaso y brindarán a la salud de la amistad.
Caminará Guillermo hacia el baño y saludará contento a un Fontanarrosa eterno que vigila “El Cairo” acodado en un buzón rojo, uno de los de antes. Susurrará en su oído que va a cambiarle el agua a las aceitunas y seguirá su paso, feliz e inocente, sin imaginar que en la otra punta del bar Pablo aprovecha un instante en que las mujeres de la mesa dedican sus miradas a unas fotos que cuelgan sobre las paredes, y deja caer dos gotas de un gotero mínimo sobre la cerveza de Guillermo. Dos gotas que generan una espuma rara en la cerveza, que por suerte –piensa Pablo- no tarda en disiparse.
Voverá en ese momento Guillermo a la mesa y otra vez brindarán, en honor a Rosario y a su gente. Beberán un sorbo largo y Guillermo hará algún comentario sobre que este bar probablemente ya no sea el bar de los cuentos del Negro. Hará alguna notación entre poética y científica sobre las viejas que juegan Rummy. Usará tal vez la palabra reminiscencia, pero antes de terminarla comenzará a sentir el calor subiendo por su tráquea, la convulsión grotesca al inicio pero cada vez más calmada. La espuma tibia saliendo por la comisura de sus labios inundando su barba tupida como una ola que rompe en la arena hasta que la marea gana el espacio. Ellas gritarán primero pidiendo un auxilio que Pablo sabrá inútil. Luego, desde el silencio eterno de Guillermo llorarán en el piso damero del bar. Pabló saldrá triunfal entre el tumulto y cruzará la puerta histórica y hermosa de la esquina de Sarmiento y Santa Fe, buscando en su pantalla el botón de check-in que lo haga Mayor, y hará clic en él mientras cruza Sarmiento, y en el instante exacto en que es atropellado por el 101 negro.
*No se mató a ningún amigo para la realización de esta anécdota aumentada. Muchas partes de este texto son aportes de Pablo Cesar.

9 pensamientos en “Check-in

  1. Así es, amistades que parecían eternas han terminado por menos. A partir de ahora, nos serviremos al mismo tiempo de la canilla de Orsai, y tomaremos mitad de pinta cada uno, para luego intercambiar vasos.

  2. Dicen que ahora Guille tiene el Mayor en el infierno y yo estoy a unos minutos, de serlo, para siempre. Ese será mi castigo eterno.

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