El mejor cuento del mundo

Estoy hecho una bolita. Tratando de ocupar la menor cantidad de espacio, con la espalda apoyada contra los barrales, respiro de forma casi imperceptible. Busco el espacio donde colocar mi brazo y que no sea un estorbo. Cuando estamos acostados, con el cuerpo apoyado sobre un lado, es imposible no sentir que dos brazos son una broma de diseño Darwiniano. Tras miles de años de dormir así, ¿cómo es que el cuerpo no entendió que los brazos se duermen por el peso del propio cuerpo? ¿Por qué seguimos despertando, noche tras noche, con el brazo muerto y la sensación de que jamás podremos moverlo otra vez?
Estoy acurrucado en este rincón que me queda chico y pienso que la idea que me esta dando vueltas en la cabeza es maravillosa. Nadie jamás hasta el día de hoy pensó una historia como esta. Es la mejor historia jamás contada, un prodigio de la literatura, el más maravilloso de los cuentos que se han contado hasta ahora.

Mi memoria es una mierda. Sé que estoy encerrado temporalmente en este espacio absurdamente pequeño, se que no puedo hacer otra cosa que conservar esta trama en mi cabeza. Todo lo que necesito es repetir hasta el hartazgo las frases, una tras otra. Internalizarlas de forma tal que no salga otra cosa de mis dedos cuando tenga la chance de
volcarlas al papel. Pero es imposible, una frase sencilla encierra alguna palabra suelta más sencilla aún que hace que ahora, en este reducto oscuro y pequeño donde no puedo hacer otra cosa que esperar, la imaginación se vaya a dar paseos por lugares que no admiten la posibilidad de repetir una frase.

Pienso entonces que deberíamos -alguien debería-, crear una máquina a la que dictarle en silencio. Una máquina simple como un reproductor de música que se nos enchufe en algún lado y sea capaz de captar nuestras
ideas y escribirlas mientras nosotros no podemos hacerlo. No entiendo cómo no podemos pensar en una máquina tan sencilla cuya creación agradecería la humanidad toda. Sin embargo, creamos cosas como el colisionador de hadrones, porque ver la partícula Dios parece ser sumamente importante. El mundo se regocija al ver fotografias de
galaxias infinitamente lejanas. Mentira o no, los gobiernos gastan millones en llegar a la luna o en poner un teléfono celular con ruedas a sacar fotos de Marte. Mientras tanto, a mí se me escapan las historias por no tener un simple y rústico grabador de ideas.

Antes de quedarme dormido, pienso que quizás Sony o General Electric inventen mañana el artefacto. Otra vez mi cabeza vuela imaginando una presentación al mejor estilo Apple del iThink. Me veo en este rincón oscuro, grabando mis ideas a una velocidad increíble. ¿Y si en realidad esta historia que tengo en la cabeza es una mierda? ¿Y si, justamente, me parece que es el mejor cuento jamás escrito por su condición de no escrito? Mejor que no inventen nada. Yo conozco el mejor cuento del mundo, y se los contaría.

Pero no puedo, mi memoria es una mierda.

10 pensamientos en “El mejor cuento del mundo

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