Blanco sobre negro

En 1923 el Club de Regatas Vasco da Gama se puso en boca de todos los brasileños al convertirse en el primer club antirracista y aceptar negros y mulatos en sus equipos de fútbol. Un año más tarde, Fluminense, Flamingo y Botafogo se unieron para evitar los goles del jogo bonito de los negros, y votaron a favor de una disposición que estipulaba que saber leer y escribir era condición sine qua non para poder jugar al fútbol. Vasco, en lugar de amilanarse, se ocupó de educar a sus jugadores y seguir goleando a los bien nacidos.

Isaías jugaba de delantero en el Vasco da Gama. Era un gigante negro azabache que movía las piernas dejando defensores tirados como la estela de un barco de camino al arco rival, donde casi siempre terminaba haciendo un gol.

Jugando para el Vasco, Isaías había goleado al Fluminense con una seguidilla de cuatro goles bestiales marcados con veinte minutos de diferencia entre el primero y el último. Esa noche, después de festejar hasta bien entrada la mañana, cada uno se fue a su casa, con la indicación de volver a encontrarse tres días más tarde en el São Januário, donde iban a entrenar y concentrar para un próximo viaje a Uruguay.

Isaías no fue ni tres, ni cuatro, ni cinco dias después. Nadie sabia dónde vivía así que nadie pudo ir a buscarlo. El sexto día, cuando apareció en el entrenamiento, tuvo que presentarse porque sus compañeros no lo reconocieron. Isaías, el gigante musculoso, el goleador, había sido reducido a escombros de aquel cuerpo fornido e imparable que apenas unos días antes goleaba al temido Fluminense. Fue internado esa misma noche con un diágnostico de tuberculosis galopante, y las autoridades del club se ocuparon de pedir que hagan traer desde Estados Unidos la vacuna que lo salvaría.

María, prima lejana y única familia de Isaías, no soportó verlo agonizar en la espera del milagro. Tres noches después lo sacó del hospital a escondidas con la ayuda de un enfermero al que pagó con dos botellas de caña, y lo llevó a un curandero que habia prometido curarlo.
Isaías murió dos días más tarde y al entierro sólo asistió María. Esa tarde el Vasco jugó un amistoso.

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