Llegarás en 42 minutos.

Mi amigo Guillermo dice que Google no te regala nada. Que nunca es gratis. Que antes de usarlo ya lo pagaste. O algo asi. Me subo al auto y pongo el celular en el soporte que hace 2 años pegué con una ventosa escupida en el parabrisas.
Google ya sabe que estoy en el auto porque se activó el bluetooth. También sabe que es sábado y que los sábados a esta hora voy siempre al mismo club. Me recomienda darme indicaciones para llegar. 47 minutos hasta tu destino. El tráfico habitual, dice. No hay retenciones, dice. Yo le doy comenzar navegación y si bien se que la ruta obvia es ir hasta Juan B. Justo para llegar hasta Sarmiento, Google Maps me dice que no. Entonces agarro por Córdoba. Córdoba suele estar congestionada, pero hoy no. Hoy va bien. Gracias Google. 47 exactos minutos después estaciono en el club.
La historia se repite el lunes, camino a la oficina, y el martes, cuando visito a ese cliente como todos los martes. Google aprende, nosotros le enseñamos. Nosotros lo consumimos. El nos consume. Nos mastica.
Y nosotros estamos ahí, dejándonos deglutir lentamente por el gigante. Porque mientras nos va mordiendo despacio nos hace un mimo. Nos deja respirar.
Un día Google dice que nos va a mejorar la vida. Que ahora que sabe que como y cuando hacemos lo que hacemos, nos ayudará. Entonces nos subimos al auto y se abre Google Maps y nos dice que 42 minutos es el tiempo estimado de arribo. Que encontró una ruta mejor porque va a mandarnos a todos los usuarios por caminos paralelos. Nos optimiza. Nos dice que ganamos cinco minutos de vida. Sube un video a youtube con música de ukeleles donde muestra gente feliz que gana 10 minutos por día. 3650 minutos por año. 2 días y medio para hacer lo que quieras. Entonces festejamos la tecnología.
Los medios sin tener mucha idea de que significa la palabra, hablan del algoritmo que nos ahorra tiempo. Que nos hace ganar vida.
Google sigue aprendiendo. Comiendo datos. Comiendonos. Google sabe que tardo 42 minutos en lugar de 47 y también sabe que necesito una nueva raqueta de tenis. Entonces el sábado en lugar de mandarme por la calle lateral a la que ya me acostumbró, me manda por otra. Me manda por una calle donde también tardaré 42 minutos, pero en esa calle alguien tiene un local de deportes y decidió usar adwords. En mi calle también había un local que vendía raquetas de tenis. Estabá el sábado pasado. Incluso Google Maps me preguntaba cada tanto si precisaba un nuevo tubo de pelotas de tenis cuando pasaba por ahi. Mis ultimas 2 raquetas las compré en el local de Aguirre. Pero el local de Velasco pagó más por el redireccionamiento de tráfico.

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